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el papel del mantra
Escrito por Swami RITAJANANDA
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en méditation

La meditación, según el Vedanta, según el pensamiento hindú, es la repetición de una fórmula sagrada. En general es una pequeña frase con saludo al ideal elegido, como ésta:

Saludo a Shiva

Saludo a Krishna

Saludo al Brahmán Supremo.


El papel del mantra es siempre permitir concentrarse sobre el ideal; el significado mismo de las palabras y del sonido emitido son secundarios. Así, es utilizado como repetición y no para meditar sobre el sentido de cada palabra.

En esta repetición el aspirante pondrá todo su amor, su pensamiento, su voluntad. Progresivamente, entrará completamente en una concentración tal que toda conciencia del mundo exterior será alejada. Una concentración intensa que, poco a poco, podrá tomar la forma del mandamiento de Jesús por el amor del Señor: “Amaréis al Señor, vuestro Dios, con todo vuestra mente, con toda vuestro ser”.

De esta manera, el japa, la repetición del nombre del Señor, no es una actividad maquinal, sino una actividad muy intensa con una concentración profunda. Evidentemente, esto puede ser muy duro al comienzo, pero con la práctica se volverá más fácil y natural. La preparación hecha antes del japa ayudará también fuertemente. Si, emotivamente, se puede establecer una relación de amor con su ideal elegido, por esta relación personal el japa se hará más fácil. Al comienzo, esto puede parecer imaginario, pero a continuación será más sensible, más real. Es preciso repetir el mantra despacio, concentrándose. Entre dos repeticiones, se debe observar un intervalo, con el fin de adiestrar a la mente a sobrepasar todo lo que sea del dominio del pensamiento. También se tratará de acceder al dominio espiritual donde incluso el pensamiento no tiene derecho a entrar. El mental debe estar perfectamente tranquilo, como si no existiera más.

Si está bien hecho, el japa puede ser comparado al trasvase regular, homogéneo, de aceite vertido de un vaso a otro. Así será establecida una fuerte relación entre Dios y uno mismo.

La concentración estará fija en un punto de nuestro cuerpo. Éste puede ser el corazón. Pero el corazón del que aquí se trata no es el corazón físico. Se sitúa en el centro del pecho, a tres centímetros por encima del estómago, a la altura del esternón, entre la columna vertebral y el esternón. Algunas veces se concentra sobre un punto entre las cejas. En esta forma de concentración sobre un punto en el cuerpo, hay reacciones físicas y psíquicas, como dolores. En este momento se puede interrumpir la concentración sobre ese punto y se fija sobre un punto situado fuera del cuerpo, lo que alejará los dolores.

Comenzar el japa sobre una forma espiritual es siempre fácil. Después de algún tiempo, se podrá meditar sobre los atributos. Pero la meta a alcanzar es la de trascender todos los nombres, todas las formas y todos los atributos. Es así como se debe hacer el japa. Es bueno consagrarle veinte minutos o media hora.

Podemos también concentrarnos en la forma de una encarnación divina, o bien sobre un gran maestro espiritual. Incluso se puede meditar sobre la presencia del Señor en todos los seres. Hay también la meditación sobre el Señor más allá de las formas y de toda descripción, espíritu divino residente en todos los corazones. Es difícil de practicar.

Estas diferentes maneras de meditación son buenas, ayudan a sobrepasar la conciencia del yo.



Última actualización el Miércoles 01 de Septiembre de 2010